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Publicado 19/07/2013
Cultura
AMIA-La oscuridad

El sonido de la explosión fue tan intenso que me dejó sordo instantáneamente y sumergido en la profundidad del silencio. Mientras esto sucedía, agaché mi cabeza como esperando un golpe y flexioné las rodillas para tirarme al piso que ya no estaba bajo mis pies. Con la espalda apoyada contra el techo sentí la presión del edificio derrumbándose sobre mí y descendiendo vertiginosamente, toneladas sobre mi cabeza, que me empujaban, me hundían, aceleraban mi cuerpo, sintiendo cada centímetro de caída en la boca del estómago. La intensa polvareda y el fuerte olor me impedían respirar. La muerte me estaba arrastrando dentro de un agujero negro en el que flotaba cayendo y cayendo. Por fin mis pies tocaron el piso, pero como si hubiera bajado en un ascensor no me golpeé fuerte y pensé que llegó el fin. Quedé acurrucado, aterrado, agarrándome la cabeza con las manos mien¬tras que con el cuerpo sentía la vibración del piso de arriba que se frenaba a escasos milímetros de mis dedos. No me aplastó. Estaba vivo. Otra vibración y otra. Todo en el mismo instante. El olor intenso, penetrante. Los oídos como anestesiados… suponía que esas vibraciones que sentía iban acompañadas de ruidos ensordecedores. Me faltaba el aire. La oscuridad total. El silencio. El miedo aterrador se iba apoderando de mí. Todo estaba quieto. No me podía mover, atado por la impresión del momento. Estaba vivo pero me sentía en el filo de una navaja, en el límite justo, en un equilibrio inestable y que solo con un soplido podría caer de un lado o del otro. El corazón se me escapaba del pecho y tenía la sensación de estar sumergido en el agua. Solo escuchaba mi interior. Pasaron segundos, horas, no lo sé… Aflojé lentamente los dedos de mi mano izquierda que estaban ferozmente entrelazados con mis cabellos y luego los de la derecha. Baje los brazos lentamente juntándolos frente a mi cara y toque el botoncito del reloj que ilumina el cuadrante. Abrí los ojos lentamente y vi la luz. Leí la hora. Diez menos cinco. Había pasado solo un minuto desde el derrumbe. Recordaba el reloj que estaba en el hall del quinto piso de la AMIA y que estaba mirando exactamente en el momento del estallido. Trataba de tranquilizarme y razonar. La oscuridad era total, pero no estaba ciego. Chasqueé los dedos, pero no escuché nada. Moví lentamente cada parte de mi cuerpo para ver si estaba fracturado. Podía mover las piernas y el dolor de los golpes era soporta¬ble… Parecía estar entero. Estirando las manos quise hacer un reconocimiento del lugar, pero no necesité mucho tiempo para darme cuenta de que estaba como en un cofre. Encerrado por todos lados. Acurrucado en posición fetal, sentado y con todos los límites a no más de diez centíme¬tros del cuerpo. No podía estirarme aunque quisiera. Intenté nuevamente, con la luz del reloj, ver dónde estaba. El aire estaba denso, irrespirable, con partículas de polvo y humo flotando que formaban un halo sobre el cuadrante iluminado, pero no se distinguía nada más. Decidí conservar la batería. Temblaba como una hoja y apretaba los puños contra la boca para contener la mandíbula enloquecida. Recordando la explosión de la Embajada, ya imaginaba a la gente sacando escombros para rescatar a las víctimas. Era cuestión de tiempo. Paciencia. Tranquilidad. Saqué el pañuelo que llevaba en la campera y me tapé la nariz y la boca como con un barbijo. El aire, el aire… es irrespirable. Confiaba en que pudiera seguir respirando, creía que el aire podía pasar entre los escombros. Esto fue un atentado… es obvio… el edificio se vino abajo como en la Embajada. Es increíble, pero en el momento en que caía no pasó toda mi vida por delante, creo que no era mi momento de irme al otro lado o eso es simplemente un cuento chino. Después de todo, quién puede aseverarlo… ¿Alguien volvió para contar cómo fue su último instante sobre la Tierra?… Suerte que también mi humor quedó intacto, esto me tiene que ayudar a sobrevivir… aunque no depende de mí. Es evidente que estoy encerrado en una especie de fortaleza, un agujero, en medio de todo, con paredes suficientemente fuertes que resistieron el derrumbe, que no se aplastaron… Mientras alcance el aire… Ahora otra idea se apodera de mi cerebro, como si estuviera en condiciones de hacerme bromas… me siento como en un sarcófago…la muerte está a mi lado. Por Dios, no quiero que me toque con sus huesudas manos, ahora siento erizados los pelos de los brazos. Es increíble que no sea suficiente lo terrible de la situación, sino que también el cerebro te psicopatea… Es necesario relajarse, controlar el miedo, excitado se consume más oxígeno. Mantener la calma… ya me van a encontrar. No tengo posibilidades de hacer nada desde acá… ¡Sí… gritar!…, pero todavía no. Hay toneladas de escombros arriba mío. Cuando sienta vibrar las paredes, ahí, voy a gritar. Ya van a venir con los perros… esos seguro que me van a encontrar. Tranquilidad… hay que relajarse. Tranquilidad. No paro de temblar, por más que me quiero convencer el miedo me arrastra para su lado. En cualquier momento puedo ser aplastado, pero no, si aguantó la caída por qué va a ceder ahora, tiene que aguantar. Estoy en un lugar seguro, esto es un milagro… voy a salir de acá… Tranquilizate, ya vas a ver que todo sale bien. Tengo que mantener una mano contra la pared para sentir si hay vibraciones, es la única manera de darme cuenta de que pasa ahí afuera. Tendría que estar pensando en Susy y en los chicos… no se pueden quedar sin padre tan chiquitos. Y no dejé nada ordenado para que puedan seguir adelante sin problemas. Soy tan joven… treinta años no es una edad para morir… ¿Qué voy a dejar ordenado a ésta edad?... por favor Señor… ¡Cuernos!, nunca creí en nada y ahora le estoy pidiendo que me saque de ésta… No, no, llorar no… me voy a quedar sin aire. Relajate… relajate… vamos a salir…El reloj marca las 14:50… el polvo no se asentó, es evidente que están removiendo los escombros. Es obvio que buscan sobrevivientes. Ya van a llegar. Mi cuerpo está entumecido como mi cerebro. Ya no tengo fuerza de pensar más, quiero dormir. Chasqueé los dedos, pero nada, no escucho nada. Las paredes no transmiten ninguna vibración, no entra luz por ningún agujero, pero debe entrar aire, sino ya estaría del otro lado y sin embargo sigo respirando. No me puedo dormir, así sordo no me voy a dar cuenta si pasa algo a mi alrededor. Tengo que saber cuándo gritar…tengo que saber cuándo gritar… El reloj marca las 2:14, la sed es terrible, los labios están resquebrajados de secos y ese gusto a tierra, tengo la boca pastosa, siento granos de arena entre los dientes, aún con el pañuelo en la cara el polvo entra, también los ojos me duelen y me pican… ¡Dejate de joder, estás vivo y te molesta un poquito de polvo!... No me puedo dormir, ellos siguen buscando, nadie se va a dormir… y si se van vienen otros a reemplazarlos. Seguro que hay un avión de israelíes en camino. También la vez pasada estuvieron, con sus perros, con su tecnología… ya falta menos. Mejor que vayan despacio. Seguro hay muchos muertos, pero yo estoy vivo. Despacio amigos no quiero que me aplasten. Ya falta poco… ya falta poco… es terrible la espera, el cansancio me tiene anestesiado, tengo el cuerpo dormido, pero yo estoy despierto, muy despierto, no me voy a dormir, tengo los ojos cerrados por el polvo, pero estoy despierto… no me voy a dormir… tengo que saber cuándo gritar. El reloj marca las 12:30. Ya falta poco… no me voy a dormir… Diosito te prometo que voy a ser el mejor hombre del mundo, por favor sacame de ésta…sacame de ésta… Hambre no tengo… un par de días de ayuno no me van a venir mal, pero la sed… la sed…Toqué el botoncito del reloj para ver la hora… las 18:05 y en ese instante un rayo de luz entró con todas sus fuerzas haciéndome doler los ojos, se levantó unos centímetros el techo o lo que me cubría… ¡¡¡Aquiiiiiii, socorrrrrrrrooooo, estoy vivooooo!!! ¡¡¡Estoy vivoooooo!!!


© 2010 Daniel Mytnik – Todos los Derechos Reservados sobre Textos y Fotografías.



Comentarios
1. buena historia
Autor: joel castillo gil
2. JESUSALEN
Autor: JESUSALEN
3. AMIA
Autor: Abu
4. shema yisrael
Autor: cristian
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Cuentos de Danny Mytnik
Sobre el Autor

Danny Mytnik

Nac√≠ en Buenos Aires en 1955, estoy casado hace 34 a√Īos, tengo dos hijos y un nieto. Sin terminar mis estudios de Qu√≠mica comenc√© a dedicarme a la fotograf√≠a. Con el correr de los a√Īos tuvimos una f√°brica de cer√°mica y una consultora de recursos humanos. En 2002 dejamos la Argentina y nos radicamos en Israel. Hace veinte a√Īos comenc√© a escribir cuentos, como hobby, pero con seriedad profesional, utilizando el espa√Īol como herramienta y como materia prima para representar las ideas. Hasta ahora no me hab√≠a planteado publicar, aunque tengo una amplia producci√≥n lista para imprimir. Esto de los Blogs me parece una buena opci√≥n para mostrar mi trabajo y recibir de los lectores un feedback que de la obra impresa no se obtiene. La idea inicial es publicar un cuento nuevo todas las semanas. Espero que sean de vuestro agrado y por supuesto, espero cr√≠ticas, de las buenas y de las no tanto, de todas aprender√© algo nuevo. Gracias y que los disfruten, tanto como yo goce al escribirlos.

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