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Publicado 18/10/2016
Internacional
El sol sale por el oeste y se pone por el este
Hace unos días, el 13 de octubre de 2016, el Consejo Ejecutivo de la Unesco compuesto por 58 países aceptó por mayoría de 24 votos contra 6, 26 abstenciones y 2 ausentes, una declaración expresando que el Monte del Templo en Jerusalén, y por ende el Muro de los Lamentos, carecen de toda relación histórica con el pueblo judío. Según dicha declaración son estos lugares sagrados del Islam, pertenecen al pueblo palestino, y para que no quepa la menor duda al respecto, el documento hace uso exclusivo de los nombres árabes de los lugares ignorando sus nombres hebreos o sus traducciones a pesar de ser éstas (har habayit = Monte del Templo, hakótel hama’araví = El Muro Occidental) las denominaciones más difundidas de ésos sitios. Es muy probable que los países que se abstuvieron o se ausentaron lo hicieron para desligarse de ésta bochornosa y ridícula declaración por un lado, sin arriesgarse –por otro lado- a votar en contra corriendo el terrible peligro de aparecer ante el mundo como adoptando una posición pro-judía o pro-israelí. Si realmente ése fue el motivo de su abstención, pues han fracasado: al ser los votos a favor menos de los necesarios para conformar la mayoría absoluta, los votos de abstención fueron los que les proporcionaron la victoria en bandeja y por lo tanto son en realidad tan responsables por la declaración como los votantes a favor. En otras palabras: la máscara de neutralidad con la cual intentaron cubrir su falta de valentía para decir la verdad –en el mejor de los casos- o su complicidad con la calumnia –en el peor de los casos- ha resultado ser una máscara transparente, una coraza inexistente. Los amantes de la verdad no veremos jamás diferencia entre los votantes a favor y las abstenciones. Los votos a favor fueron de Argelia, Bangladesh, Brasil, Chad, China, República Dominicana, Egipto, Irán, Líbano, Malasia, Marruecos, Mauricio, Méjico, Mozambique, Nicaragua, Nigeria, Omán, Pakistán, Qatar, Rusia, Senegal, Sudáfrica, Sudán y Vietnam. En contra votaron Alemania, EEUU, Estonia, Gran Bretaña, Holanda y Lituania. Se abstuvieron Albania, Argentina, Camerún, Corea del Sur, Costa de Marfil, El Salvador, Eslovenia, España, Francia, Ghana, Grecia, Guinea, Haití, India, Italia, Japón, Kenia, Nepal, Paraguay, San Vicente y Nevis, Sri Lanka, Suecia, Togo, Trinidad y Tobago, Uganda y Ucrania.

 
DE VUELTA A ADRIANO
Los intentos de desconectar al pueblo judío por la fuerza de la tierra de sus ancestros a lo largo de la historia son tantos, que sería muy aburrido enumerarlos aquí. Pero lo haré con uno de ellos, tal vez el más dramático, porque ciertas facetas lo relacionan con la declaración de la Unesco: unos 60 años después de la Gran Revuelta de los judíos contra el Imperio Romano durante la cual los romanos destruyeron el Segundo Templo de Jerusalén (9 del mes de Av, 70 EC), los judíos bajo el liderazgo de Bar-Kojba se vuelven a rebelar contra el imperio romano (132-135 EC) y se empeñan en una guerra de guerrillas contra éste. Una de las causas principales de la rebelión fue la intención declarada del emperador Adriano de convertir a Jerusalén en una ciudad pagana, lo que implicaría la erección de un templo pagano sobre las ruinas del Templo de Jerusalén destruido anteriormente por el emperador Tito. Los rebeldes judíos, en su mayoría campesinos avenidos a guerrilleros, a pesar de ser Judea una pequeña provincia del imperio y los judíos un pueblo pequeño, destruyeron por completo una legión romana, la Legio XXII Deiotariana. La dirigencia del nuevo estado judío emergente proclama la renovada independencia, entre otras cosas, acuñando monedas de plata ostentando la fachada del Templo y la palabra “Jerusalén” en hebreo en torno suyo. Otras series de monedas muestran diferentes motivos conectados con el Templo como instrumentos musicales usados por los levitas y ánforas de aceite para las libaciones, declarando una nueva cuenta de años a partir de ésta “la libertad de Israel” y “la liberación de Jerusalén”. Esas monedas –testigos tangibles de la eterna conexión de los judíos a Jerusalén y al Monte del Templo- fueron halladas de a miles en excavaciones arqueológicas por toda la Tierra de Israel, y hasta en sitios arqueológicos en Europa de la época romana, donde fueron llevadas como trofeo por soldados romanos que regresaron de la guerra. Tampoco fueron ellas las primeras, les precedieron monedas acuñadas 60 años antes por los rebeldes de la Gran Revuelta (66-70 EC) con los epítetos hebreos “Jerusalén sagrada”, “por la libertad de Jerusalén”, y “por la libertad de Sión”. Tampoco éstas fueron las primeras. Les antecedieron las monedas acuñadas por los gobernantes Hasmoneos (Macabeos) quienes al frente del estado judío independiente “Judea” gobernaron el país durante unos 90 años hasta ser conquistado éste por los romanos en el año 63 AEC. El número de monedas Hasmoneas descubiertas hasta ahora asciende a cientos de miles. Más de medio millón. Es muy fácil verlas en museos o en internet en sitios de numismática. Los Hasmoneos, quienes oficiaban a la vez como Sumos Sacerdotes en el Templo de Jerusalén, y como gobernantes del país, eternizaron en los epítetos hebreos de sus monedas la centralidad del Templo para los judíos acotando a continuación de sus nombres “el Sumo Sacerdote y el Consejo de los Judíos”. En la otra cara de las monedas, entre otros motivos, acuñaron elementos relacionados con el Templo, entre ellos la menorá, el candelabro de oro de siete brazos. Esos Sumos Sacerdotes no oficiaban en el vacío. Lo hacían en el templo situado en Monte del Templo, ese que según la Unesco no tiene ninguna relación con el pueblo judío.
Volviendo a la revuelta de Bar-Kojba y sus monedas. No cabía duda, la intención de los rebeldes era volver a construir el templo en ruinas. Si, ahí en el Monte del Templo donde según Unesco nunca estuvieron los judíos. Para sofocar la rebelión los romanos se ven obligados a traer a la rebelde Judea legiones apostadas a lo largo de sus dominios, hasta en el norte de Europa, al otro extremo del imperio. Según historiadores fue necesario traer un tercio de todo el ejército imperial para doblegar a los rebeldes. Al final, en el año 135 EC la rebelión fue totalmente sofocada. Judea fue devastada, los judíos sobrevivientes huyeron, fueron sometidos o vendidos como esclavos. Después de aniquilar los últimos focos de resistencia el emperador Adriano decide tomar medidas extremas para evitar de forma definitiva otra rebelión judía, medidas cuya influencia se hace sentir hasta el día de hoy y cuya expresa finalidad era borrar de la faz de la tierra al pueblo rebelde: 1. El nombre de la provincia “Judea” que identificó esa tierra por más de mil años, será suprimido y suplantado de aquí en más por “Palestina”, a nombre de los filisteos, un antiguo pueblo ya inexistente por ésa época y que jamás habitó Judea, sino el sur de la costa Mediterránea de Israel. 2. La otrora ciudad de Jerusalén será reconstruida como ciudad romana, su nombre será desde ahora Aelia Capitolina y los judíos tendrán la entrada prohibida a ella. 3. Sobre las ruinas del Templo será erigido un templo pagano en honor a la tríada de dioses capitolinos Júpiter, Saturno y Minerva. Para conmemorar estas nuevas medidas fueron emitidas nuevas monedas con la efigie del templo pagano en la cima del Monte del Templo y la escritura “Aelia Capitolina”. Las disposiciones de Adriano tuvieron muy largo alcance: no obstante el nombre original de la ciudad fue devuelto en el siglo IV EC, la prohibición de entrada a la ciudad a los judíos fue mantenida por siglos durante el resto del período romano y continuada por el Imperio Bizantino cristiano. Los años de prohibición fueron un muy duro castigo para los judíos, amén de ver el Monte del Templo profanado. Los 9 del mes de Av se agolpaban en el Monte de los Olivos, desde donde se avisa el Monte del Templo, para lamentarse por él. Al estar en ésa época el Monte de los Olivos fuera de la jurisdicción de la ciudad, era ése el límite al cual les permitían llegar las autoridades paganas, y luego las cristianas. Hubo también quienes arriesgándose entraron a la ciudad camuflados. La disposición Adriana acerca del cambio de nombre del país fue la más duradera de las tres: desde el 135 hasta el 1948, durante 1813 años, la Tierra de Israel pasó de mano de un imperio a otro. Siempre como distrito administrativo de un imperio, desde el Imperio Romano hasta el Imperio Británico pasando, entre otros, por 500 años de Imperio Otomano. Y todos continuaron usando “Palestina” como nombre de ése distrito administrativo. Jamás como entidad étnica o nacional. El uso de Palestino como referente a un pueblo es reciente, del siglo XX, y carente de toda base histórica.

 
JERUSALÉN PARA EL PUEBLO JUDÍO
La centralidad de Jerusalén y el Monte del Templo para los judíos es tal, y su documentación tan extensa, que sería un despropósito intentar enumerarla aquí. Haré solo una simple reseña de algunos datos por ser tal vez poco conocidos o recordados por parte del público. Jerusalén fue la capital del Reino de Judá durante unos 400 años, desde su conquista a manos del rey David hasta su destrucción a manos del rey babilonio Nabucodonosor en el año 586 AEC. El rey Salomón, el hijo de David, construyó sobre el Monte del Templo el primer Templo de Jerusalén en el año 956 AEC, destruido éste junto con el resto de la ciudad en el 586 AEC. Ése templo fue el centro de la primer religión monoteísta de la historia y símbolo de la presencia divina sobre la faz de la tierra para sus creyentes, los israelitas. Símbolo del pacto eterno entre Dios y el pueblo hebreo y meta de tres peregrinaciones anuales obligatorias. Innumerables partes de la Biblia Hebrea cuentan sobre él con lujo de detalles. El libro bíblico Salmos contiene intactos textos cantados por los levitas en el Primer Templo. Gran parte de la biblia misma fue escrita ahí. Jerusalén figura por su nombre explícito 667 veces en la Biblia Hebrea, y otros cientos de veces bajo otros nombres o epítetos como Sión. El templo figura infinidad de veces bajo varios nombres como “Casa del Señor”, “Templo del Señor”, “Monte Sagrado” (e.g. Isaías 27:13), etc. No hay otra ciudad ni hay otro lugar registrado más veces en la Biblia Hebrea como Jerusalén y su templo. Por comparación, en el Corán, Jerusalén no figura ni siquiera una sola vez. Setenta años después de la destrucción del templo Salomónico, los judíos construyeron sobre sus ruinas el Segundo Templo inaugurándolo en el 515 AEC bajo autorización del rey persa Ciro después de conquistar éste el Imperio Babilonio. Durante los doscientos años de dominio persa (538-333 AEC) los judíos gozaron de autonomía religiosa y administrativa, siendo Jerusalén su capital y el Templo de Jerusalén su centro espiritual y nacional. En el 333 AEC Alejandro Magno conquista toda la zona y sus sucesores, Ptolomeos y Seléucidas compiten entre sí para dominarla. Es contra éstos últimos que se rebelaron los Hasmoneos antes nombrados. Más tarde, durante la época de la dominación romana, el rey judío Herodes (37-4 AEC) (rey-cliente de Judea en el marco del Imperio Romano) refacciona el templo convirtiéndolo en el complejo sagrado más grande del mundo antiguo. Para esto levanta cuatro muros de contención a su alrededor, los cuales conforman un cuasi-rectángulo de unos 300 x 500 mts. aproximadamente sobre el cual construye una plataforma de 14,4 hectáreas dándole al Monte del Templo su aspecto actual. El Muro de los Lamentos o Muro Occidental es uno de esos cuatro muros de contención. Ése es el templo descripto en el Nuevo Testamento, según el cual también Jesús, como todos los judíos de la época, peregrinó a él. La existencia de éste Segundo Templo está probada por diversas fuentes literarias, arqueológicas y epigráficas, por nombrar algunas: Josefo Flavio, Filón de Alejandría, los Rollos del Mar Muerto, inscripciones originales talladas en piedra provenientes del templo, etc. Entre las cerillas que encendieron la Gran Revuelta, las hubo también relacionadas con el Templo; desde intromisiones de las autoridades romanas en su administración, hasta ofensas religiosas que causaron la ira de los judíos como el intento de Poncio Pilatos de llevar a Jerusalén estandartes de legiones conteniendo figuras paganas, o el de Calígula de establecer una estatua suya en el mismísimo templo.

 
LUTO POR EL TEMPLO
Las destrucciones de los dos Templos de Jerusalén que acaecieron en la misma fecha, el 9 del mes de Av, son dos de los acontecimientos más traumáticos del pueblo judío, y la esperanza de reconstruirlo está en el centro de sus plegarias. La conmemoración de la destrucción del templo y el lugar central que ocupa en la memoria colectiva judía son tales que sería imposible describirlas en un simple artículo. Citaré sólo algunas. Los judíos ayunan y se abstienen de todo acto de alegría tres veces al año en conmemoración del Templo destruido. Dos de éstos días de ayuno –el 10 de Tevet y el 17 de Tamuz- conmemoran la conquista del ejército romano de diferentes partes de la Jerusalén sitiada. El 9 de Av es un día de ayuno y luto total por la destrucción del Templo. En todas las sinagogas se lee solemnemente el libro Lamentaciones de la biblia y se elevan elegías. Es el único día del año en el que los feligreses rezan sentados en el piso, cabizbajos y tristes. Al culminar la oración es la costumbre saludarse mutuamente “en la reconstrucción de Sión nos reconfortaremos”. Las tres semanas entre el 17 de Tamuz y el 9 de Av son en realidad un continuo período de duelo cuya intensidad va en aumento y llega a su pico el 9 de Av. En ése periodo no se realizan bodas ni festejo alguno, y una larga lista de prohibiciones de todo lo que pueda significar un atisbo de alegría como escuchar música o hasta afeitarse, lo convierten en un período de duelo nacional. Pero todo esto es sólo la culminación de algo que el judío observante lo vive todos los días del calendario, ya que la añoranza por el templo es omnipresente: al construir una casa el judío deja una parte visible de una pared sin revocar ni pintar, ya que es inconcebible que él viva en una casa finalizada hasta el último detalle mientras el Templo está en ruinas. En el pico de la ceremonia de bodas, el momento más alegre de la vida, el novio judío rompe un vaso de vidrio con su pie y proclama “si te olvidare, o Jerusalén, que se paralice mi diestra, que se pegue mi lengua a mi paladar si no te recordare” (Salmos 137:5-6). La razón de ésta costumbre es evitar que la alegría de la boda sea completa, ya que es inconcebible que lo sea mientras nuestro templo está en ruinas. ¿Tan dementes serán los judíos para mortificarse por un lugar con el cual (según Unesco) no tienen ninguna relación?

EL TEMPLO Y EL CULTO JUDÍO
Jerusalén en general y el Monte del Templo en particular son el centro terrenal del judaísmo desde todo punto de vista. El Monte del Templo lo es desde el 956 AEC hasta hoy, 2.972 años ininterrumpidamente. Su relevancia y centralidad son tales, que el judaísmo es casi inconcebible sin ellos. Algunos ejemplos: todas las sinagogas del mundo están orientadas hacia el Monte del Templo. La pared donde se ubica el arca con los rollos de la Torá, es siempre la que apunta hacia el Monte del Templo. En los tres rezos diarios que reza el judío observante, al llegar a la parte central de la oración vuelve su cara hacia el Monte del Templo, esté donde esté en el planeta, y de pie pronuncia su oración, la cual dentro de sí misma contiene plegarias a Dios rogándole por la reconstrucción del templo sobre el monte sagrado y por el retorno de las diásporas de Israel a su tierra y a Jerusalén (a modo de comparación, todos los musulmanes realizan sus oraciones mirando hacia la Meca). Esos mismos anhelos están presentes también en la Oración por los Alimentos que todo judío observante pronuncia después de cada comida. Tal es así que durante casi 2.000 años millones de judíos dispersos por el mundo imploran hasta cinco o seis veces al día por Jerusalén y el Templo durante toda su vida. Pero el apego por ellos es tal, que esto ni siquiera se termina con la vida: al morir todos los judíos del mundo son enterrados con sus pies apuntando hacia el Monte del Templo, como si simbólicamente estuvieran en camino a él (comparando, los muertos musulmanes son enterrados orientados hacia la Meca). Esto llevó a que en el Monte de los Olivos, enfrente del Monte del Templo, se fuese desarrollando el cementerio judío más grande y más longevo del mundo, con más de 100.000 tumbas todas con sus pies apuntando y a pocos pasos del lugar añorado. Durante la ocupación jordana del Monte de los Olivos (1947-1967) miles de ellas fueron profanadas, y sus lápidas arrancadas y usadas para distintos fines, entre ellos como letrinas. Israel presentó una queja oficial al respecto a las Naciones Unidas. Como se imaginarán, éstas no hicieron nada al respecto. Unesco tampoco. La añoranza al templo no quedó reservada a plegarias e imploraciones, sino que los judíos descendientes de la estirpe sacerdotal (descendientes de Aharón) y levítica transmiten de generación en generación durante dos milenios, de padre a hijo patrilinealmente ésta información para que el día de mañana puedan ejercer funciones en el templo. Éstos descendientes de sacerdotes (cohaním) y levitas (leviím) son especialmente honrados en la lectura ceremonial de la Torá. Ésta tradición, observada siempre con mucho escepticismo, fue confirmada científicamente en las últimas décadas al descubrirse que los cohaním de las diferentes diásporas que no tuvieron contacto entre sí 2.000 años comparten un gen (Y-chromosomal Aaron) que demuestra que son descendientes de un padre común.

El Consejo Ejecutivo de la Unesco ha llegado a la conclusión de que el pueblo judío carece de toda conexión histórica con Jerusalén y el Monte del Templo. La verdad es EXACTAMENTE AL REVÉS: no hay en el mundo otro pueblo tan ligado por tanto tiempo a una ciudad y a un lugar sagrado como lo son los judíos con Jerusalén y el Monte del Templo. La conclusión de Unesco es tan ridícula, falsa, estúpida e ignorante que no merece siquiera respuesta alguna. Es como declarar que el sol sale por el oeste y se pone en el este, como decretar la anulación de la ley de la gravedad, o declarar que el sol gira alrededor de la tierra. Ésa declaración quedará en el tacho de basura de la historia para vergüenza de todos aquellos que votaron a favor y de aquellos que se abstuvieron. Tampoco logrará nada, lo que no logró Adriano con sus legiones no lo logrará el Consejo Ejecutivo de la Unesco con sus calumnias.



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Daniel Vainstub

Nací en Argentina. Vivo en Israel desde 1980.

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